Los fabuladores
A novela Los fabuladores (Random House) de José Ignacio Carnero sitúannos en Caracas en 1961, onde un opositor á ditadura de Portugal xunto a dous exiliados galegos fantasean coa posibilidade de liderar un acto revolucionario co fin de derrocar a Salazar e a Franco. O plan era secuestrar o transatlántico Santa María, modificar a súa ruta polo Caribe, navegar ata Guinea ou as colonias portuguesas en África e provocar unha gran crise política. O resultado é un texto sólido, cheo de matices composto por xéneros variados tales como a novela de aventuras, a crónica, a biografía; que emprega ademais testemuños directos e documentos oficiais. Este é un libro que se deixa levar pola fabulación e que pode lerse como unha busca de sentido no medio da axitación da vida e do movemento da historia, onde nada é como parece ser.
"Las cosas debieron de suceder así. Es el otoño de 1960 y todo comienza en esa avenida. Hace dos años que Pérez Jiménez ha caído. Siempre que cae un dictador una gran fuerza se desata. Los protagonistas de esta novela son españoles y portugueses. Exiliados. Cada tarde beben cerveza en la misma terraza. Después suben a la azotea del edificio en el que uno de ellos vive. Apenas quedan luces encendidas en las oficinas. Las luces son las de la calle. Toda la ciudad se concentra en los cafés y en las discotecas, en las librerías y en los cines, en los teatros y en los puestos de comida ambulante. Hombres de negocios, dependientas, camareros, taxistas, obreros de la construcción, carteristas. Todos están allí. La moral se relaja en esa zona de la ciudad. (...) Casi todo está permitido en Sabana Grande. Por eso, a ella acude la devota burguesía en busca de sexo. Dios mira hacia otro lado, la policía hace la vista gorda. (...) Eso se observa desde la azotea en la que los tres protagonistas de esta novela conversan y toman café. Desde allíc ontemplan la calle. No se miran, no hablan. Ven a la gente pasárselo bien. Porque eso es lo que se viene a hacer al barrio en el que el capitán Henrique Galvão vive desde hace unos meses. Ha alquilado un apartamento minúsculo, apenas un dormitorio, una cocina y un pequeño lavabo. Es todo lo quese puede permitir con su salario. Un amigo le ha conseguido trabajo en una agencia inmobiliaria. Resulta extraño un empleo tan gris para alguien como él. Los que lo conocen se sorprenden al verlo cada mañana con la cartera debajo del brazo, subiendo a un autobús o cargando con las bolsas de la compra. El capitán, el gobernador de Angola, el novelista de éxito es ahora un simple vendedor de apartamentos.
Sus vecinos lo miran con lástima, sienten compasión.
Y comentan.
Ya es casi un anciano, qué pena que haya acabado así, él que lo ha tenido todo y todo lo ha perdido: su casa, su fama, hasta su familia. Qué triste resulta verlo tan envejecido y demacrado dando vueltas por Chacao; se le ve mustio y desaliñado, ¿no? Camina sin rumbo, con la mirada perdida, como si su cabeza estuviera en otro lugar; y se junta con gente... gente dudosa, comunistas, anarquistas, exiliados de la guerra de España; gente que nada tiene que ver con él, un oficial del ejército, una persona decente y religiosa, un diputado, alguien que fue tan cercano a Salazar rodeado ahora de toda esa chusma que sólo trae problemas. En Sabana Grande, sí, en el mismo bar de siempre puedes verlos cada tarde bebiendo y fumando y hablando de sus cosas. Aunque lo suyo con la dictadura no va de ideas, es algo personal, créeme. Al final va a ser cierto que los odios unen más que los afectos. Y eso es lo que le pasa a Galvão con los comunistas: que ambos detestan lo mismo. En fin, a ver cómo acaban, seguro que mal. A él, de momento, aquí lo tienes, perdido en un rincón del Caribe, sin un dólar y esperando no se sabe qué. Me recuerda a Bolívar en Santa Marta.
Eso dicen sus vecinos de él.
Lo que no dicen -porque no lo saben- es que por las noches se dedica a conspirar. Cuando el sol se oculta en el Ávila, el capitán Galvão sube a la azotea. Allí pasa la noche hablando con otros dos hombres. Son gallegos. Se llaman Pepe Velo y José Fernández, aunque este último pide que le llamen comandante Sotomayor.
Mientras la ciudad se divierte, ellos planean el secuestro de un transatlántico".
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